Doctor Who and The Scratchman: intrahistoria, reseña e introducción de la novela.

Doctor Who and the Scratchman es una novela escrita por Tom Baker, sí, el actor del 4º Doctor. No es una novela normal porque tiene su pequeña historia, era un proyecto que había estado muchos años en el aire, como película, y al final como novela. Le hemos vuelto a pedir a Javi que nos haga un artículo, este caso sobre esta novela. En esta entrada nos habla de la historia de esta novela y un poco de su argumento, sin spoilers gordos. Mañana tendréis la novela traducida al español. Disfrutad mientras de este previo.

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Cual “suertudo” y Homer Simpson, es difícil discutir que buscando “Doctor Who” en un diccionario o enciclopedia, lo más probable sería encontrar la efigie de Tom Baker codo con codo. Longevidad y el automático encasillamiento de cualquier actor que consiga el papel aparte, no hay otro con el que las líneas entre actor y personaje se difuminen tanto ni que causara el impacto cultural que el carismático bohemio de bufanda multicolor. 45 años tras su debut, el oriundo de Liverpool ha dejado para la posteridad un legado envidiable a su paso que a día de hoy continúa creciendo (garantiza que seguiremos oyendo su voz desde más allá de la tumba gracias a enorme la antelación en las grabaciones de sus “Fourth Doctor Adventures” para Big Finish. Pero también sería injusto atribuir todo el éxito de su era únicamente a él a título individual; porque sin los guiones de nombres como Terry Nation, Douglas Adams o Bob Holmes, ese septenio no habría sido lo mismo. Y en ese sentido, “Scratchman” se alza como la contribución más directa y personal de Tom al canon de Doctor Who, de la mano de su amigo y compañero dentro y fuera del estudio, Ian Marter.

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Por supuesto, Ian interpretó al companion, médico de la marina y agente de UNIT, Harry Sullivan (tras ir a por el papel de Mike Yates unos años antes y una aparición como otro personaje en Carnival of Monsters) junto con Baker y Elisabeth Sladen en las temporadas 12 y 13 de la era clásica, quedando relegado a un rol menos activo cuando los productores desecharon la idea de un Doctor más del estilo Hartnell con un asistente masculino que se encargara de las escenas con más acción. Pero su vínculo con la serie  fue más allá de 1975 como talentoso escritor; con varias novelizaciones de los seriales televisivos, una secuela para su personaje (“Harry Sullivan´s War”) bajo su nombre y, por supuesto Scratchman. La novela fue concebida como película e iba a ser dirigida por James Hill y la participación de Vincent Price en los 80 pero el proyecto no llegó a buen puerto por falta de financiación e Ian sufrió una muerte prematura por un ataque al corazón a los 42 años, el día de su cumpleaños en 1986- Tom termina el relato con una dedicatoria (“I would like to mention Ian Marter as a fríend and a good egg”). Y tampoco me quiero olvidar de la valiosa colaboración del prolífico James Goss como co-escritor, consolidado tras decenas de historias del universo expandido y las adaptaciones a prosa de las historias de Adams “City of Death” y “The Pirate Planet”.

Doctor Who se enfrenta al Diablo: esa es la premisa básica. Obviamente no es la primera (o última, según como se mire) vez que se ha explotado esta idea- véase “The Impossible Planet” o el audio “The Devil´s Armada”. Ni tampoco en que el Doctor se haya enfrentado a mortíferos espantapájaros (“Human Nature” o “The Hollow Men”)si a eso vamos. La etapa del Cuarto Doctor se puede dividir en 3 segmentos: el horror gótico de los 3 primeros años, el enfoque en el humor de Graham Williams y el científico de H. Bidmead en la temporada 18. Baker siempre se ha confesado más cercano al estilo con el que Philip Hinchcliffe dejó su impronta en la serie y de ahí el punto de partida: como el clásico de culto de Christopher Lee, “The Wicker Man” (1973), la TARDIS aterriza inesperada en una aislada y siniestra isla escocesa donde tiene lugar la primera parte de la novela “The Long Night” (no confundir con cierto episodio de “Juego de Tronos” notorio por su mala iluminación). La trama aquí sigue el clásico formato de la base bajo asedio tan patente durante la era de Patrick Troughton, pero cabe destacar un par de capítulos que rompen la fórmula con Sarah Jane y Harry respectivamente cuando el Doctor encomienda a ambos una misión diferente: la persecución de la periodista por el inconmensurable interior de la TARDIS (incluyendo una sala muy particular), con el trágico punto de vista de una de las criaturas y el momento más cómico en que Harry está al borde de la muerte y se desembaraza de tres espantapájaros sin ni siquiera darse de cuenta de que alguna vez estuvieron allí. El Doctor hace migas con una de las pueblerinas y se gana la enemistad de la cacique y tendera local Mrs. Tulloch. Pero cuando las cosas parecen haber ya superado su clímax, hace su entrada Scratchman (un término británico con el que denominar a Satán).

La segunda mitad se adentra en la dimensión de aquel; viva imagen del concepto humano del infierno- un paisaje tan grotesco como absurdo y que puede resultar ligeramente comparable con las escenas en el interior de la Matrix en “The Deadly Assasin”. He mencionado con anterioridad el episodio de David Tennant pero (y sin hacer spoilers) Scratch no podría estar más lejos de la bestia que vimos en la televisión, al menos en apariencia. Se alimenta de los miedos de las almas atrapadas en su dominio, amenaza con consumir nuestro universo a continuación. El enfrentamiento final tiene lugar en un escenario que rinde tributo a los ratos libres que pasaban Baker y Marter después de rodar y Harry es pieza clave- que no definitiva- en la resolución de una forma muy suya (no olvido “Revenge of the Cybermen” y el “¡¡HARRY SULLIVAN ES UN IMBÉCIL!!!” del Doctor).

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Me he dejado en el tintero un elemento: toda la novela está narrada en primera persona por el Doctor- claramente con la vista puesta en el audio-libro narrado por el mismísimo Tom Baker. En pequeños apartes que interrumpen la acción principal, como en su momento el Sexto, el Doctor está siendo juzgado por los Señores del Tiempo por su participación en el asunto y bajo la amenaza de una condena que lo borre por completo de las líneas temporales, este cuenta la historia tanto a su gente como a los lectores. Y a pesar de breves, están llenos de interesantes reflexiones que resumen a la perfección tanto al personaje como ilustran el profundo entendimiento y amor  que tiene el actor de él: sobre sí mismo, su gente, la Tierra y los humanos, el miedo… Sí algo hay se puede subrayar de la influencia directa de Tom en esta historia es todo su repertorio de vocabulario, tesoro acumulado de sus años de formación en el Teatro Nacional bajo la protección de Olivier; pero sobre todo el hecho de que cuando lees los diálogos entre el trío protagonista, uno es capaz de oír las voces dentro de su cabeza, como volver a los 70 con los ojos cerrados.

Hay mejores novelas originales de Doctor Who, en el sentido de ceñirse menos a la fórmula e intentar cosas diferentes y/o experimentales. Pero ese no era el motif  en este caso concreto: Scratchman es un tributo a la figura del número IV y a esa era dorada que entretuvo e hizo esconderse detrás del sofá a toda una generación (aunque eso no quiere decir que no haya espacio para otros easter eggs, sorpresas y cameos inesperados…). En ese sentido es un triunfo: habrá muchos Doctores, pero Tom Baker es EL Doctor…”el artículo determinado, se podría decir”.

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